Antiguas pistas

Hoy leí por primera vez la nueva visita que en 2015 hicieron los autores del Manifiesto Cluetrain (2000) a su propia invención. Esto es “New Clues”

Insisto en usar sinónimos como “antiguas” en vez de “viejas”. O llamar “nuevas visitas” en lugar de “revisión”. Viejo me suena en este contexto a ‘anacrónico’, en cambio antiguo me suena a ‘sabio’. ‘Nueva visita’ me suena más amable que ‘revisión’

Todo esto son manías literarias, que intentan estar alineadas con mi intención de recuperar lo bueno y aun solido de aquellos tiempos para combinarlo con la innovación y el futuro. No todo ha perdido solidez en este presente, aunque parece incluso más vaporoso que líquido a veces.

Escribir un post breve en lugar de un twit, no es casual tampoco.

And if…. – Notas de Duncan Wardle

En una charla de la Fundación BBVA, Duncan Wardle cuenta un sencillo ejercicio para potenciar la creatividad y explorar alternativas.

Básicamente se trata de desafiar al Status Quo según el siguiente método:

  1. Identificar un fenómenos que nos interese.
  2. Hacer una lista de las reglas que rigen dicho fenómeno
  3. Preguntarnos “And if….”. ¿Y si en vez de hacerlo según estas reglas lo hiciéramos según estás otras, qué pasaría?

La respuesta más frecuente que las personas recibimos ante propuestas nuevas, que mueven a otras (o a nosotros mismos) de la zona de comfort, es “no, porque…..”.
La clave radica en continuar preguntándonos  “Y si….” hasta vencer esa resistencia exterior o interior y llegar a lugares que antes no habíamos pensado.

Finalizando, Wardle menciona que su frase favorita es: “Lo contrario de la valentía no es la cobardía, sino el conformismo”.
Creo que es una frase muy buena.

Contra el rebaño digital – Lanier

Habiendo terminado de leer “You are not a Gadget: a Manifesto” de Jaron Lanier quiero hablar de lo a mí me resulta más importante de su obra y activismo:

  1. La manipulación a la que estamos sometidos por los señores de la red.
  2. El suicido de la espiritualidad.

Dice Lanier que:

“Si te interesa saber lo que sucede realmente en una sociedad o ideología, solo tienes que seguir la ruta del dinero. Si va a parar a la publicidad y no a los músicos, los periodistas y los artistas, entonces esa sociedad está más interesada en la manipulación que en la verdad o la belleza”

Es que Lanier tiene además un activismo en pro del arte muy fuerte, que es lo que nos llevará en este post al punto 2.

Pero lo primero es pensar en esto que nos está diciendo de la ruta del dinero, que da para mucho, partiendo de la base de que es incontrovertible  de que efectivamente el dinero fluye en el sentido que postula la cita. Podemos de todos modos hechar una ojeada al TOP 10 de cotizadas en bolsa y ver bien arriba a Google y Facebook, y en ese momento preguntarnos: a qué se dedican? de dónde extraen la mayor parte de sus ingresos?

La respuesta es: de cada uno de nosotros. De los clicks que damos, los “me gusta, los videos en youtube que miramos. Los segundos que pasamos en tal o cual sitio, las búsquedas que hacemos y todavía no lo podemos afirmar pero en virtud de que Whatsapp es parte del conglomerado de FBK, me temo que si ya no es así, en el futuro será de lo que estamos hablando con y quien.

La ideología: un robo a mano armada. Los dueños de las redes sociales no solo están extrayendo una renta de nuestros comportamientos, explotando nuestras debilidades (como cita Versvs en “la segunda parte” del post que enlazo aquí), sino que además están favoreciendo determinados tipos de relacionamientos degradantes entre nosotros, los seres humanos. De algo de eso ya hablaba antes.

El punto de explotar nuestras debilidades no es totalmente nuevo, ahí está la publicidad de cigarrillos desde hace décadas para recordarnoslo. Tal vez no sea totalmente nuevo el provocar esos relacionamientos degradantes que menciono, al fin y al cabo, la cantidad de programas de televisión donde por ejemplo las mujeres son tratadas como mercancía, tienen tantos años como la cultura que los consume. Lo novedoso al respecto, es la magnitud extraordinaria de la capacidad de manipulación y extracción de valor, que da a las plataformas sociales el efecto red. Y por ende la capacidad de eventualmente hacer el bien, pero hoy en día de provocar terribles daños. Como muestra de esto último, por si a alguien le quedaban dudas, ahí tenemos a Cambridge Analytica.

Pero atención, sería un error quedarnos solo con ese mojón. La intención es que votemos tal candidato,  que compremos tal o cual cosa (como siempre lo ha hecho la publicidad),  pero el diseño de las plataformas tienen un efecto “de segundo orden”: la profundización en la banalización de las relaciones sociales, y en última instancia de la comunicación y los afectos. Esto es consecuencia de las opciones de interacción que permite cada plataforma: los X caracteres de tuiter, los posteos de facebook, las historias de Instagram y así…
En el límite: las familias sentadas a la mesa ya no solo hipnotizadas mirando tele, sino los celulares. Las fiestas de cumpleaños con grupos de personas “sin nada para decir”. O la queja de Lanier: la dificultad de compartir su música cara a cara con otros artistas interesados, por medio de una licencia Creative Commons. (Es una queja extremadamente sofisticada para casi cualquiera fuera de Silicon Valley, pero ilustrativa de hasta qué punto aun en las aristas más bien intencionadas del dospuntocerismo, pueden darse”faltas” de herramientas superadoras del contacto virtual)
Esto es para Lanier el efecto que yo llamo de segundo orden, pero que resulta primerísimo en su obra, que nos lleva al punto 2: el suicidio de las espiritualidad, en el sentido de ausencia de comunicación.

Tampoco es nuevo me dirán, de hecho yo mismo lo estoy pensando. No lo es. ¿Ahora es peor que antes?. Mi respuesta en este post es que creo que sí; al igual que Lanier pienso que los afectos se están transformando poco a poco en interfaces, y los humanos en Gadgets. Y contra eso, también estoy en contra.

You are not a gadget.

 

 

Desenchufado (segunda tanda)

Continúo el hilo del post anterior con más comentarios sobre libros leídos:

Rivers of London – Ben Aaronovitch

Fue una de mis primeras lecturas de “fantasías urbana” (no sé si a alguien se le ocurrió ponerle ese nombrete ya, pero para mí calza perfecto). Lo primero que me llamó la atención fueron las descripciones muy detalladas de la geografía urbana de Londres. Catedrales, plazas, calles, y pubs!, aparecen en la novela acorde el protagonista, Peter Grant, recorre la ciudad en pos de resolver un misterioso asesinato que involucra cierto tipo de magia.

Es muy entretenido y me gusta particularmente que aparezcan los elementos fantásticos en el paisaje urbano contemporáneo. Lo hace además de una manera que no resulta anacrónica o ridícula, lo cual es fundamental. En realidad me leí no solo este sino todos los de la serie de Peter Grant y salvo el último diría que todos valen la pena por otro aspecto: Aaronovitch hace muchas referencias a distintos personajes reales, leyendas, y lugares históricos de Londres que se encarga de entrelazar con hilos sobrenaturales. Y lo mundano cobra así un relieve fantástico que  al menos a mí me llevó a investigar sobre los hechos reales. Que ya de por sí muchas veces son casi increíbles.

Papá Goriot – Honoré de Balzac

Impresionante. Este lo leí hace ya varios años pero el comienzo es una de las cosas más extraordinarias de la literatura. Seguramente el cine le debe mucho a los primeros párrafos de la novela.

Después de ese comienzo medio críptico, la historia es archiconocida pero original en su momento y tremendamente bien contada: un héroe joven e idealista, una sociedad frívola por demás, dos hijas deseosas de formar parte de esa sociedad y un padre inútilmente “bueno”. Así entrecomillas. Lo que importa para Balzac es el realismo: contar una historia que refleje el mundo. Una de las cosas que refleja es el tipo de relacionamiento entre personas de distintas clases sociales, con el efecto devastador que hoy se cuentan las historias de ese tipo no-edulcoradas o las canciones de Pulp.

De todos modos, tan solo por los primeros párrafos, y el último, es de por sí brillante.

Un tirón y medio.